(1984) "Paris Texas" de Wim Wenders.


Nicholas, cenizas al aire, entre cielos azules. La fuerza convertida en polvo enamorado. Un relámpago sobre el agua. La maravillosa o abyecta, la inevitable poesía de la muerte....

Del director alemán y guión de él y de Sam Shepard, "Paris Texas" es todo un símbolo, la mirada a lo lejos y a lo cerca, hacia dentro de cada uno, estemos donde estemos. La película es realmente excepcional en este sentido, a través de las grandes distancias, la película demuestra que más cerca de nuestro interior estaremos.

Me impactó muchísimo la interpretación de Harry Dean Stanton. Ese personaje tan extrano que aparece errante y totalmente perdido en pleno desierto y nadie puede imaginarse en esos momentos que esa persona ha perdido su memoria o que se está buscando a si mismo, que tienen el mismo significado. El espectador no tiene ni idea de lo que le está ocurriendo, y todo ello, en el contexto más plano y agobiante imaginable, de un desierto amarillo, quemado, soleado, bajo el cielo demasiado azul y tras la música mimética que no le abandona. Nastassja Kinski, su deseo y desespero. Entonces se descubre que ese hombre sin nombre lo único que quiere es escontrar a la mujer y al hijo que abandonó.... Unos familiares que han cuidado de su hijo, van en su busca, y lo encuentran, hacía 4 anos que no le veían, a Travis, y que habia desaparecido sin dejar rastro. Tras un difícil proceso de reencuentro, Travis podrá volver a partir, pero ahora con la conciencia limpia y tranquila y ordenados los pensamientos, para buscar a su mujer, a su bella Jane, y la encontrará, en un impensable lugar, pero la encontrará....y podrá empezar de nuevo la vida para los 3, podrán juntos seguir el camino.

Tema recurrente en muchos directores de cine y en literatura, desde Homero, hasta hoy, es la búsqueda del sentido a la vida y de encontrar la meta final.

Además con Dean Stockwell, Aurore Clement y Hunter Carson.

PERO ! JUVENTUD DIVINO TESORO !

Añado a continuacion un comentario muy poetico a este articulo, sobre WIM WENDERS.

Wim Wenders, no apartes de mí este cáliz, el licor de la vida herida de tus imágenes icónicas (cometo la redundancia intencionadamente). Los ojos hipnoticamente perdidos en la inmensa llanura del oeste americano, buscando el destino imposible,el sueño inalcanzable, la parcela donde padre y madre hicieron el amor por primera vez. Sí, buscando París-Texas, las púpilas siguiendo una línea ferrea que no lleva a ningún destino, salvo quizás al cielo, al amor, o la muerte. Las cabínas de conversaciones anónimas, para aliviar el pájaro doliente de la soledad, posado en los corazones. Una historia de amor rememorada, poco a poco, desgranada en palabras exactas, como gotas de lluvia bajo un cielo soleado, hasta verter las lágrimas de la mujer al otro lado del cristal....¿Travis eres tú Travis...? ¿Dónde está Hunter...?. La reunión de madre e hija, y el adiós del hombre, entre la poesía eléctrica de la velocidad de una autopista, a la salida de Dallas...

Los ángeles custodios, bondadosos, compasivamente dolientes, desde su altura, de la desdicha del hombre y la mujer corrientes. Tan a pié de tierra, que les late el alma, apenas a unos centímetros de su propio miedo. Angeles que se enamora, arcángeles que se humanizan, demiurgos del sol negro y las nubes que peinan las ciudades como almas en pena, Trasladadas de un país a otro, de un paisaje a otra tierra; es indiferente. La vida, el hombre, se obstina siempre en ser el mismo: compasivo, y violento, amante y enemigo, buscadores sin tregua del cielo y del infierno, almas negras o rojas, fuego frío o hielo ardiente. Humanos son pues tus ángeles Wim Wenders como la carne viva de los hombres vivientes.

Relámpago sobre el agua. Nicholas Ray, terminando sus días. Llegas al loft del Soho donde te aguarda esperando al barquero de la laguna Estigia. Nicholas parece un espectro de áquel que dirigiera " Los amantes de la noche ". Que hermosa letanía de silencios dolientes, la de rememorar junto a él sus películas, como testamento postrero, de un hombre sin cadenas. "Hombres errantes", te emocionó al verla, junto al Nicholas Ray, del que ya estaba enamorado la esposa más paciente, la que nunca abandona la sombra del que vive. Robert Mitchum cansado, molidos sus huesos de tantos rodeos, se baja pesadamente de un camión, renqueante llega a una casa abandonada, apenas una cabaña maltratada por el tiempo. Se tira al suelo, repta como una serpiente, mete la mano bajo sus maderas podridas, saca una caja. Adentro poca cosa, una vida, ya tan lejana para este hombre maduro y ya tan cansado de llevar el peso de su propio esqueleto. Poco tesoro hallado, una infancia perdida....; el revolver de un niño, varios comics ajados, un reloj parado en la hora exacta de la nada. Una escopeta de postas de dos cañones, insta a Mitchum a levantarse. Un anciano temeroso le grira: ¡ Qué hace usted en mi propiedad !. La mirada de Mitchum cansada, los párpados hinchados. Los huesos machacados. Sólo sabe esbozar balbuceante una frase: " Esta, sabe usted, era mi casa cuando yo era un niño..."

https://youtu.be/pc4KyewX3u4

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