Fibrilación auricular


2014-09-18 22:08


A OTTO WEIZENEGGER y CARME y RAMON PAMIES BLANES


La fibrilación auricular es un trastorno en el que las aurículas del corazón (dos de las cuatro cavidades cardiacas) no se contraen con normalidad. La señal eléctrica que llega a las aurículas es irregular, y en lugar de producir una contracción ordenada de las células musculares produce una contracción desordenada. Clásicamente, y de manera bastante ilustrativa, se ha descrito que cuando hay una fibrilación auricular las aurículas se contraen de forma parecida a como lo haría un “saco de gusanos”.

La consecuencia de la fibrilación auricular es que no hay un latido efectivo en las aurículas. Esto hace que la sangre se quede remansada en el corazón y que pueda coagularse y dar lugar a trombos. Estos trombos pueden salir del corazón y obstruir una arteria en cualquier parte del cuerpo, siendo especialmente frecuente que lleguen al cerebro. La obstrucción de una arteria cerebral por un trombo que se ha originado en el corazón da lugar a un infarto cerebral o ictus, con consecuencias muy graves.

Otra consecuencia de la fibrilación auricular es que la señal eléctrica que pasa de las aurículas a los ventrículos lo hace de forma rápida y desordenada. Esto da lugar a una arritmia, pues se producen latidos ventriculares con un ritmo irregular y más rápidos de lo normal, lo que se denomina taquicardia.

La fibrilación auricular es una enfermedad muy frecuente, especialmente en la población mayor de 65 años. Afecta al 1-2% de la población general. Se estima que su prevalencia se duplicará en los próximos 50 años a medida que la población envejezca. Es más frecuente en hombres que en mujeres y más frecuente en la raza banca que en la raza negra.

Tipos de fibrilación auricular:
Hay dos tipos de fibrilación auricular:

La fibrilación auricular paroxística, que ocurre de forma intermitente, con episodios de duración variable y que cede de forma espontánea.
La fibrilación auricular crónica o persistente, que es sostenida en el tiempo y normalmente no se resuelve de forma espontánea. En muchas ocasiones la fibrilación auricular paroxística acaba desembocando en una fibrilación auricular crónica.


Causas y factores de riesgo de la fibrilación auricular:
El riesgo de aparición de fibrilación auricular se incrementa con la edad. Habitualmente la fibrilación auricular aparece en personas con alguna enfermedad cardiaca previa. Los trastornos cardiacos que se asocian con más frecuencia a la aparición de fibrilación auricular son:

Cardiopatía hipertensiva, enfermedad cardiaca debida a un aumento crónico de la tensión arterial lo que supone un esfuerzo excesivo para el músculo del corazón.
Enfermedades de las válvulas cardiacas que separan las distintas cámaras del corazón. Por ejemplo, la estenosis (estrechamiento) mitral o la insuficiencia mitral.
Un infarto agudo de miocardio o una cardiopatía isquémica, enfermedades producidas por un insuficiente aporte de sangre al corazón.
Una insuficiencia cardiaca o debilidad del músculo cardiaco.
Haber sido sometido a una cirugía del corazón.
En inflamaciones del músculo cardiaco (miocarditis) o de la membrana que rodea al corazón (pericarditis).
La fibrilación auricular también se puede originar por causas extracardiacas:

El consumo excesivo de alcohol. Suele dar una fibrilación auricular de corta duración. Puede ocurrir tras un fin de semana en el que se consume alcohol en exceso (síndrome del corazón de vacaciones o corazón del sábado noche).
El consumo de drogas que estimulan el corazón como la cocaína o las anfetaminas.
El consumo de algunos medicamentos como la teofilina (que se usa en algunas enfermedades pulmonares) u otros estimulantes cardiacos como la cafeína.
El hipertiroidismo. La elevación de las hormonas tiroideas origina el 5% de los casos de fibrilación auricular. A su vez, un 13% de las personas con hipertiroidismo sufren de fibrilación auricular. Así que se debe estudiar la posibilidad de hipertiroidismo en todas las persona con fibrilación auricular.
La apnea del sueño.
Enfermedades pulmonares como la EPOC o el tromboembolismo pulmonar, en el que a partir de una trombosis venosa se libera un trombo que llega hasta el pulmón obstruyendo alguno de sus vasos sanguíneos.
Hay casos en los que no se encuentra una causa predisponente de la fibrilación auricular. Cuando esto ocurre en personas que tienen menos de 60 años el riesgo de que se formen coágulos en el corazón es bajo.

Síntomas de la fibrilación auricular:

Muchas personas con fibrilación auricular no notan ningún síntoma. Otros pueden tener síntomas leves tales como:

Sensación de palpitaciones o de un latido cardiaco rápido o irregular en el pecho.
Leves molestias o dolor en el pecho.
Sensación de mareo.
Sensación de falta de aire o de cansancio que limitan su capacidad de ejercicio.
En ocasiones hay pacientes con síntomas graves, especialmente cuando la fibrilación auricular hace que el corazón lata muy rápido o que baje la tensión arterial. En tal caso los pacientes pueden sentir los siguientes síntomas:

Fuerte sensación de falta de aire o de cansancio.
Dolor intenso en el pecho. Originado generalmente por la falta de un aporte adecuado de oxígeno al músculo cardiaco (angina).
Mareo y pérdida de conocimiento, debido a un insuficiente riego sanguíneo cerebral.
Confusión o torpeza mental.



Complicaciones de una fibrilación auricular:

La complicación más importante de la fibrilación auricular es el infarto cerebral (embolia cerebral). Al no producirse una contracción efectiva de la aurícula se pueden producir coágulos en su interior. Si estos coágulos se desprenden pueden viajan por los vasos sanguíneos del organismo. A los coágulos desprendidos que circulan por la sangre les denominamos émbolos. Los primeros vasos que hay tras la salida del corazón son los que se dirigen al cerebro, por ello es frecuente que los émbolos acaben obstruyendo un vaso cerebral dando lugar a un infarto cerebral.

Los émbolos originados en las aurículas pueden acabar obstruyendo cualquier arteria del organismo como las arterias del ojo, el riñón, las extremidades, etcétera, dando síntomas muy diferentes según el órgano afectado.

Sin una terapia preventiva (con medicamentos anticoagulantes) el riesgo de que se produzca un infarto cerebral secundario a una fibrilación auricular es del 1,3% anual en personas de 50 a 59 años de edad. El riesgo se incrementa con la edad y llega a ser del 5% anual en personas de 80 a 89 años de edad.


Diagnóstico de la fibrilación auricular:

Los pacientes con fibrilación auricular tienen un pulso muy
irregular y habitualmente más rápido de lo normal. Este hallazgo puede hacer sospechar al médico la presencia de esta enfermedad. La sospecha se puede confirmar fácilmente con un electrocardiograma, que es una prueba que detecta la actividad eléctrica del corazón y la registra en forma de ondas en un papel milimetrado. En el caso de que haya una fibrilación auricular están ausentes las ondas que corresponden a la contracción de las aurículas.

También se puede diagnosticar la fibrilación auricular por medio de una ecografía cardiaca (ecocardiograma). Esta prueba permite evidenciar la ausencia de contracciones eficaces de las aurículas del corazón.

Tras el diagnóstico de la fibrilación auricular se llevan a cabo algunas pruebas para determinar su causa:

Suele realizarse un ecocardiograma para determinar un posible origen cardiaco de la fibrilación auricular, como por ejemplo trastornos de las válvulas cardiacas, insuficiencia cardiaca, pericarditis, etcétera.
La presencia de hipertiroidismo se estudia midiendo los niveles de hormona tiroidea en sangre.
Si se sospechan trastornos del sueño, embolismos pulmonares, EPOC u otras causas extracardiacas de la enfermedad se realizan las pruebas correspondientes para su diagnóstico.



Tratamiento de la fibrilación auricular:
El tratamiento de la fibrilación auricular incluye:

Tratamiento de la enfermedad de base

Por ejemplo de un hipertiroidismo o de un tromboembolismo pulmonar.

Control del ritmo cardiaco


En algunas ocasiones es posible aplicar un tratamiento para revertir el trastorno y que el corazón vuelva a latir con normalidad. En los pacientes en los que no hay una causa subyacente de la fibrilación auricular, o hay una causa controlable como el hipertiroidismo, se puede intentar revertir la arritmia, procedimiento que llamamos cardioversión. Para ello se pueden emplear dos estrategias:

La cardioversión farmacológica, que consiste en administrar un tratamiento con fármacos antiarrítmicos que pueden conseguir restablecer el ritmo cardiaco normal.
La cardioversión eléctrica, que consiste en la aplicación de una pequeña descarga eléctrica en el corazón por medio de unos electrodos aplicados el pecho. Este procedimiento es muy rápido y eficaz y por ello es el tratamiento de elección en caso de que la fibrilación auricular dé lugar a síntomas tan graves que pongan en peligro la vida del paciente.
Previamente a la realización de una cardioversión, hay que asegurarse de que no hay trombos en las aurículas, pues el latido normal puede desprender estos trombos y provocar un infarto cerebral. La presencia de trombos es especialmente frecuente cuando la fibrilación auricular es crónica. Para asegurarse de que no hay trombos en las aurículas se puede administrar un tratamiento anticoagulante durante las semanas previas a la cardioversión. También se puede realizar una ecografía cardiaca para ver que no hay trombos en las aurículas. Para ello se suele ealizar una ecografía transesofágica que permite ver perfectamente las aurículas del corazón a través una sonda introducida en el esófago.

Cuando se ha conseguido eliminar la fibrilación auricular con una cardioversión se suele prescribir algún medicamento antiarrítmico para evitar que vuelva a aparecer. Además, se suele mantener un tratamiento anticoagulante durante al menos un mes tras la reaparición de un ritmo cardiaco normal.

Control de la frecuencia cardiaca

Muchas veces no es posible realizar una cardioversión pues la fibrilación auricular está motivada por una patología cardiaca que no podemos controlar fácilmente. Por ejemplo, en algunas patologías de la válvulas cardiacas las aurículas se dilatan de forma irreversible provocando la fibrilación auricular. No merece la pena intentar revertir la arritmia, pues volvería a aparecer con total seguridad. En estos casos el tratamiento va dirigido a que la frecuencia cardiaca sea normal, es decir, se mantenga entre 60 y 80 latidos por minuto en reposo. Esto se consigue con medicamentos como la digoxina, el verapamil o el atenolol, entre otros.

Tratamiento para evitar la formación de trombos en el corazón

Esta medida es esencial para evitar complicaciones como el infarto cerebral producido por la migración al cerebro de un trombo en el corazón. Se suelen usar medicamentos anticoagulantes orales como el acenocumarol (Sintrom®) o la warfarina (Aldocumar®, Coumadin®). Estos medicamentos requieren controles periódicos de la coagulación de la sangre, pues existe el riesgo de que las dosis sean insuficientes y exista riego de trombos, o por el contrario, que la dosis sea excesiva y exista riesgo de hemorragias. Recientemente se han introducido en el mercado anticoagulantes con un mejor perfil de seguridad, como dabigatrán, apixabán o rivaroxabán, que ejercen su efecto de una manera más segura y no necesitan controles periódicos de la coagulación.

El médico establece la necesidad del tratamiento anticoagulante tras evaluar cuidadosamente el beneficio de este tratamiento frente al riesgo de que pueda producir hemorragias graves.

Otros tratamientos

En ocasiones es posible curar la fibrilación auricular eliminando los puntos que originan el trastorno eléctrico en las aurículas con un catéter de radiofrecuencia o a través de cirugía. Sin embargo, estas técnicas aún no están plenamente desarrolladas. 



Finalmente, en raras ocasiones es necesaria la implantación de un marcapasos junto con medicamentos antiarrítmicos para controlar la fibrilación auricular.

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