Jango Edwards, el payaso americano, en el programa de Buenafuente.


15/07/2010 18:11



A Jango Edwards, tuvimos Matteo, Otto y yo, el placer de conocerle personalmente en Barcelona, hace unos 7 o 8 años, durante un curso de clown o pallaso que daba con una asistenta italiana, Mónica, pués Jango hablaba todavía poquísimo castellano, casi nada.

Jango es fuerte, muy absorvente, y aparatosa su manera de moverse y andar, Cuando Jango Edwards habla, gesticula como si nadie fuera jamás a entenderle! pero moviendo su larga cabellera, muy blanca ahora, de derecha a izquierda sin parar, como un caballo nervioso, no habia más remedio que atenderle. Pero tras su complicada elocuencia, bastaban tan sólo 2 palabras que funcionaban, para comprender lo que él como pallaso esperaba de nosotros. A los alumnos nos contagiaba tanta energia que todos íbamos a la una, a su ritmo y sin pestañear. Todos sin saber exactamente qué, pero algo debíamos hacer para que a él, le hiciéramos reir. Si lo conseguíamos, con su actitud nos gratificaba inmensamente. Hacer el pallaso, nos decía! y de eso se trataba a la hora de hacer el pallaso, que quien nos mira, llegue a sonreir y si además se lograban carcajadas, nuestro éxito como futuros pallaso se hacía redondo como una tortilla de patatas. Todos le mirábamos alucinados, tenerle tan cerca es toda una experiencia, pués al principio impone y da un poco de miedo, parece un poco agresivo, cuando actua! No obstante estábamos allí en una mini sala del barrio barcelonés de Grácia, para hacerle reir! Escucharle atentamente y aún sin comprender su inglés a mil por hora, como es un vendaval, un huracán de carne y huesos, al principio realmente costaba bastante seguirle.

Pero Jango es tan expresivo, baila cuando camina, y cuando se sienta parece otra persona, quizás una bella damita solitaria que ya no tiene nada más que hacer. Hasta que de repente se levantaba, de un salto felino y en el escenario se convertia todavía en otra persona nueva, muy ágil y muy auténtica, evidentemente irresponsable pero controlando cada movimiento, y nos hacía reir! Allí el maestro nos hacía improvisar con nada o con todo, eso es simplemente, con la innata simpatia, con la voz, con una mueca de la cara, con un gesto, y arte! Claro, a descubrir el arte era a lo que todos nosotros íbamos, a encontrarnos con nuestras emociones y a sacarlas lo antes posible, porque Jango Edwards siempre llevaba prisa.

Siempre he expresado que a los pallasos todo se se les perdona, y si se es uno de los mejores pallasos del mundo, pués que valgan la pena todas sus barvaridades, las que a cada minuto se le iban ocurriendo. Excentricidades en las clases sin duda alguna y más allá, en el restaurant, en el bar, aunque por la calle ya no tanto, el profesor algún rato, pobre, también debía descansar y si era de noche, pero de dia! salíamos a la plaza más cercana de Grácia en busca de la aventura del momento! En el curso de Jango, aprendiendo de su técnica, la natural se podría decir, es la que mejor funciona, es cazar el instante y convertirlo en absurdo y ponerse a reir, si ha hecho gracia claro. Y en general funciona, sus movimientos eran más bestiales cada dia y a la vez más suaves, cuanto más le íbamos conociendo. Tanto los corporales como con los objetos. Una especie de Leo Bassi, pero como Jango es más sexy que el pallaso italiano, este nos ensenaba el culo y encima te ponía cahonda, el tío! Aunque Jango Edwards se vista de feo, de vagabundo, de loco, o de monstruo o de bruja, es un ser encantador y educado, muy educado, y esto destaca de entre sus vestiduras y maquillaje nefasto. Jango es uno de esos pocos artistas vitales e inteligentes, y de pies a cabeza un caballero. Hay que verle para creerlo! Inagotable es la palabra, pués improvisar sin descanso es un arte muy puro y duro que evidentemente no a todo el mundo gusta de hacer o responder, por eso es tan difícil mantenerse constantemente abierto, ligero y al mismo tiempo receptivo a toda hora y no decaer durante toda una vida.

Su larga coleta despeinada recuerdo claramente, y una sonrisa abierta siempre en sus labios super grandes y simpáticos, aunque no le comprendieras bien, ni él a los alumnos, su sonrisa abierta era una invitación casi a la lujuria, a la amistad con respeto, y un canto para cazar la emoción, la super importante emoción del pallaso. Los clowns tienen un camino destinado a mantener viva la alegria y si sigo observándole en mi recuerdo sólo 5 segundos más, me pondría a saltar y a hacer el loco por la habitación.

En el video se percibe claramente su vitalidad que al presentador de la televisión le divierte sinceramente, además Buenafuente es un cómico excelente y le comprendió enseguida. Jango viaja por todo el mundo, por España, toda Europa, y vive en Holanda, o en Japón o en México, y gusta tanto porque reparte el regalo más antiguo, la ilusión, mezclada con la vulgaridad, y esto es lo que atrae de los pallasos, su finura y su fealdad, queramos o no.

Charlando desde su asiento, en las clases que hicimos en la calle, cogía subitamente su silla y se la ponía por sombrero y empezaba detrás del más desprevenido vianante a quererselo casi tragar! El individuo naturalmente o salia corriendo, o le empezaba a gritar, con lo cual nos petábamos de risa. Jango Edwrds no podia estarse quieto mucho tiempo, ni dejar de hacer sus tonterias! Ama la comida porque siempre hacia bromas con este tema. Cada tarde acababa el curso y nadie queria dejar de verle, aunque él se tenía que recoger. Todos aprendimos a ser más frescos que lechugas y elocuentes, cosa difícil hoy en dia, y saber hasta donde uno puede llegar y hasta donde uno no llegará. Valores esenciales para sobrevivir entre las otras almas, las que no poseen un pallaso dentro., En resumen salir definitivamente de nuestro tímido caparazón era el objetivo y se consiguió.

Fue todo un privilegio, repito, conocer a un genio tan próximo, humano como el que más, y al que podias tocar sin miedo a ser mordido ... bueno, bueno . en el mundo del teatro, los mordiscos y los besos están permitidos y tienen un privilegio, pués se necesitan para seguir creyéndote vivo y guapo, para seguir emocionando a los demás y seducir para que se fijen en ti, y eso exactamente es lo que ocurrió durante aquellas inolvidables tardes que pasamos en el curso con Jango Edwards. Estar junto a Jango, el feo pallaso seductor por excelencia, fue girar personalmente como una veleta, como viajar hasta la luna, pisarla y regresar de un salto, en un santiamén. Sin olvidar que fueron muy largas las tareas, muy concentradas las materias, voluminosas ensenanzas en 15 dias, pero los alumnos nos sentimos muy libres ay! y perdimos el peso pesado de la verguenza y aprendimos como en el colegio, renovada rigurosidad en el arte y en el empeno de ser unos buenos y mejores pallasos para los demás.

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