El descubridor de Tutankamon y sus tesoros, Howard Carter.


DEDICADO A MI HIJO IVAN Y A SU PADRE OTTO
o
A OTTO Y A NUESTRO HIJO IVAN !!!




27/11/2013 21:55

En el cementerio de Putney Vale, en el extrarradio de Londres, yace enterrado un misterio tan grande como el de Tutankamin: el de su descubridor.
No sabemos quien fue en realidad Howard Carter, un hombre desconcertante, ambicioso y arribista, perseverante y sensible, con facetas inquietantemente oscuras y al que debemos sin embargo uno de los hallazgos mas dorados y luminosos de la historia.



La tumba de Howard Carter -en la que ciertamente no hay oro, ni estatuas, ni carros- es pequeña y discreta, indigna de un arqueologo de su categoria. Apenas una lapida negra y dos metros de tierra inglesa en la que ha germinado hierba y algunas humildes flores. Hallarla no es dificil: se encuentra cerca del paseo central del cementerio, en la parcela 12, al lado de la de Lucy, hija unica de Isaac T. Nicholson, mayor del 23 regimiento de infanteria nativa de Bombay. En el gotico y solitario camposanto, digno de Bram Stoker, surgen como espectros ardillas y mirlos.
Una intensa frase figura en la lapida de Carter:

Pueda tu espi­ritu vivir, durar millones de años, tu que amas Tebas, sentado con la cara al viento del norte, los ojos llenos de felicidad.


Es la inscripcion de la bella copa de alabastro de Tutankamon, verdadero grial egipcio, si­mbolo de vida eterna y que, por cierto, puede admirarse en la exposicion de sus tesoros en Londres. Alguien ha dejado un pequeño busto de Tutankamon sobre la lapida de Carter. Hay otras pequeñas y misteriosas ofrendas en la tumba: dos escarabeos baratos, de esos de todo a cien de Luxor, un incoherente angelito. Y lo más conmovedor: un corazon de piedra, que remite, para el observador, a la dureza de caracter del arqueologo.

Nacido en Kensington, hijo de un artista especializado en pintar animales que retrataba las mascotas de los ricos, Carter, el menor de 11 hermanos, hereda el talento natural de su padre para el dibujo, lo que le fue muy util en su carrera arqueologica. Un campo en el que fue siempre visto por muchos de sus colegas como un amateur, pues no teni­a estudios academicos (de hecho su educacion fue muy superficial). Nunca supo expresar sus sentimientos i­ntimos, excepto en algunas de sus reflexiones sobre Tutankamon.
Es asombroso lo poco que se conoce de su vida privada, escribe su biografo, T. G. H. James, al final de las 400 paginas de la esplendida obra sobre Howard Carter. The path to Tutankhamun (Kegan, 1992). En eso no es distinto Carter del joven rey
.
James recalca la dificultad de que tuviera autenticas amistades un hombre caracterizado por una irascible timidez, y complejos. Un arrebato de mal genio fue la causa de su cai­da en desgracia en 1905 tras un altercado con turistas franceses, con los que llego a las manos en Saqqara, episodio que le costo el cese como inspector jefe de antiguedades y tener que malvivir varios años humillantes como gui­a, artista, dragomon y dealer de objetos faraonicos.

A lo largo de su vida, Carter fue siempre un solitario. No se le conoce ninguna relacion sentimental. En su canonico "Tutankamon, la historia jamás contada" (Planeta, 2007), en el que revela que Carter mintio en su relato oficial del descubrimiento de la tumba, Thomas Hoving describe a Carter como abnegado, energico, obsesionado con el metodo, conducido por la ambicion impetuoso, testarudo, insensible, poco diplomatico, falso y mendaz a veces. Dice que Carter socavo sus logros y se torturo a si­ mismo y a los demás durante toda su vida.


Despues de terminar su trabajo en la tumba de Tutankamon, en 1932, Carter dijo que pretendi­a hallar la de Alejandro Magno, y sugirio que sabia donde estaba, pero que se guardaba el secreto para el. Murio a los 64 años, a causa de un hodgkins, un cancer linfatico.

Tras su muerte, varios objetos de la tumba de Tutankamon en su poder, y que no figuraban en el inventario de la excavacion, llegaron discretamente (para evitar el escandalo) al Museo Egipcio de El Cairo. Otro episodio oscuro de Carter es su papel como agente de Inteligencia durante la I Guerra Mundial. Se le achaca haber participado, con Lawrence de Arabia, en la polemica voladura de la base del Instituto Arqueologico Aleman en Qurna.

Solo un puñado de personas acudieron a su austero entierro en 1939, digno colofon de una vida de triste exito. La leyenda ha querido que entre ellas se contaran tres mujeres veladas y llorosas, lo que ha dado pie a imaginarle secretos y romanticos idilios (lo han hecho en sendas novelas Philipp Vandenberg y Christian Jacq). Parece que su supuesta amante francesa es puro bulo. En el entierro, sin embargo, estaba lady Evelyn Herbert Beauchamp, la hija de lord Carnarvon y compañera de peripecias egiptologicas de su padre y Carter. Es posible que la joven se enamorara del maduro arqueologo.

Pero parece que Carter nunca perdio de vista cual era su lugar y lo imposible que hubiera sido una relacion. Es probable que ademas no le interesara en absoluto. Nunca se conoceran las inclinaciones sexuales de Howard Carter, ni que afectos calentaban su secreto corazon conquistado por Egipto. Pero en esta tarde en Putney Vale, cuando el ojo enrojecido del sol se pone justo detras de la tumba del descubridor de Tutankamon, uno no puede sino musitar un agradecimiento por todas las maravillas que nos revelo.
Las sombras se mueven pero la oscuridad no se desvanece, escribii Howard Carter de Tutankamon.
Podria haber dicho lo mismo de el mismo. Fue un solitario. No se le conoce ninguna relacion sentimental.

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